Pensamiento Balbuceo

El referéndum macedonio: las dos caras de una moneda

El resultado del referéndum macedonio ha creado sentimientos encontrados: Hace tres meses se firmó un acuerdo histórico entre el primer ministro griego Alexis Tsipras y el primer ministro macedonio Zoran Zaev con el fin de resolver una larga disputa entre los dos países sobre la cuestión del nombre del Estado macedonio, que pasó de ser la Antigua República Yugoslava de Macedonia a ser la República de Macedonia del Norte.

La región histórica de Macedonia es compartida por la República de Macedonia, Grecia, Bulgaria, Albania y Serbia. Grecia teme desde hace tiempo que la República de Macedonia tenga objetivos expansionistas en Grecia.

Tanto el Parlamento griego como el macedonio han aprobado el acuerdo, pero Skopje ha llevado la cuestión a la votación popular y la decisión ha suscitado la oposición de las facciones más nacionalistas que han pedido un boicot del referéndum para evitar el quórum necesario del 50% más 1 de los votos.

No podemos afirmar si la falta de quórum legal se debió a un boicot o a un desinterés general de los ciudadanos, pero el hecho de que no se alcanzara significa que el acuerdo no ha sido aprobado a pesar del abrumador voto a favor.

El aspecto negativo es que esto habría resuelto finalmente una crisis de larga data entre dos países de una región delicada del mundo, los Balcanes, que todavía necesitan estabilidad.

Pero hay una cara de la moneda: una aprobación habría significado que la apertura de las puertas de la Unión Europea y de la OTAN a Macedonia en un futuro muy próximo y es muy posible que el país no esté listo todavía.

Si echamos la vista atrás a la ampliación hacia el Este de 2004, la mayoría de los países que se adhirieron a la UE eran democracias liberales ingenuas, jóvenes y no plenamente desarrolladas, y los Balcanes son aún más complejos porque sus Estados tienen políticas exteriores controvertidas y diversos contrastes entre sí.

Un resultado positivo del referéndum podría haber sido entendido como una prueba concreta de que Macedonia puede estar en el camino correcto para ser miembro de la UE y de la OTAN, pero desafortunadamente Macedonia no es una democracia liberal sino un régimen híbrido a pesar de que en las últimas elecciones generales de 2016 había dos bloques políticos principales (la coalición VMRO-DPMNE y la Unión Socialdemócrata del primer ministro Zaev).

Se sospechaba que el mismo Zaev estaba tramando un golpe de estado y esto creó una profunda crisis constitucional que requirió la mediación de la UE: el resultado fue el Acuerdo de Przino que reconcilió a los dos partidos principales y llevó a la celebración de las elecciones de 2016.

Esta crisis sería inconcebible en un Estado miembro de la UE y demuestra que Macedonia no es una democracia suficientemente madura.

La cuestión de los Balcanes puede resolverse normalizando la política exterior, pero sobre todo reforzando la democracia (y la UE puede hacerlo con su política de condicionalidad).

Si no estamos seguros de que Macedonia sea una democracia plena, hay que retrasar la adhesión a la UE y a la OTAN. Para que estas dos organizaciones mantengan su credibilidad, deben actuar de acuerdo con sus principios fundacionales y presionar a los países que quieran unirse a ellas para que adopten sus valores.

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